Reflexiones sobre facebook

Facebook y yo.
Eduardo Engel
La Tercera, 25 de mayo de 2008

Todo comenzó cuando mi amigo tecnologizado llegó a visitarnos el fin de semana pasado con su esposa. No se separó ni un minuto de su Iphone, el auto en que llegaron tenía un GPS última generación al que sólo le faltaba adivinar la dirección donde uno quería ir, y no paró de hablar de Facebook, todo esto con un entusiasmo que contagiaría hasta al más indiferente en materia tecnológica. Yo, en cambio, ni mencioné que mi mayor logro electrónico del último año fue pasar toda mi música a mi Ipod y mi esposa me echó al agua cuando reveló que el Iphone que me regaló para el cumpleaños seguía intacto esperando que me tomara el tiempo para aprender a usarlo.

Ante tanta ansiedad fruto de mi retraso tecnológico decidí
aprovechar la visita para ponerme al día y le pedí a mi amigo
que me enseñara a usar Facebook, la red social a la cual se
accede en la página web del mismo nombre. Inscribirme tomó un
minuto, ahora debía formar mi red de amigos. Por suerte antes
de llegar mi amigo y su esposa me habían enviado nombres de
amigos comunes inscritos en Facebook para que los invitara a mi
red. La relación de amistad en Facebook tiene que ser
consensuada, uno invita y la persona invitada tiene que aceptar
para que cada uno se integre a la red del otro.  Ser parte de
la red de alguien da acceso a sus amigos y la posibilidad de
invitar a aquellos que uno desee a integrar la red de uno. Lo
cual me ha mantenido bastante ocupado desde el domingo, viendo
a quién conozco y quisiera tener de amigo entre los amigos del
número creciente de integrantes de mi red.

El primer amigo que aceptó mi invitación me alertó sobre los
riesgos de Facebook con un mensaje que decía: “Mi ingreso a
Facebook ha sido controvertido en la casa y la oficina. Mi hija
menor no me acepto ser amigo durante meses y en la oficina me
dijeron que Facebook era para jóvenes. Ojalá tengas más
suerte.”  Pude confirmar que Facebook es para jóvenes  por la
reacción que tuve de algunos alumnos cuando los invité a mi
red: “que sorpresa, muy up to date” comentó uno de ellos,
“primer profe online, todo un pionero” opinó otro.

Facebook fue creado por Mark Zuckerberg cuando cursaba el
segundo año del pregrado en Harvard,  en febrero de 2004.
Inicialmente sólo podían inscribirse los alumnos de Harvard, en
menos de un mes se suscribió más de la mitad. Luego se extendió
a otras universidades, después los colegios y algunas empresas,
hasta que en septiembre del 2006 se abrió para cualquier
persona mayor de 13 años. Más de 70 millones de personas
visitaron la página web de Facebook durante abril de este año.

Esto de buscar a mis amigos entre los amigos de mis amigos me
recuerda la obra de teatro “Seis grados de separación”,
estrenada en 1990. Si estamos a un paso de quienes conocemos, a
dos pasos de alguien que conoce a alguien que conocemos, y así
sucesivamente,  una conjetura de larga data dice que todos
estamos separados, a lo más, por seis pasos, es decir, por seis
grados de separación.

Las implicancias filosóficas son ilustradas por un personaje en
la obra cuando dice: “En alguna parte leí que todos en este
planeta estamos separados por sólo seis personas. Seis grados
de separación entre nosotros y cada persona en el planeta. El
Presidente de los Estados Unidos, un gondolero en Venecia, no
importa quién sea. Encuentro  que A) es extremadamente
reconfortante que estemos tan cerca, y B) es como la tortura
china de la gota que cae y cae que estemos tan cerca, porque
tienes que encontrar las seis personas adecuadas para hacer la
conexión correcta”.

¿Para qué sirve Facebook? “La única manera de entender este
fenómeno es metiéndose” me escribió un miembro de mi red de
amigos el lunes. “Las posibilidades son increíbles” respondió
otro sin entregar mayores detalles. Facebook sirve para
mantener contacto con amigos y amigas. Cada vez que uno se
conecta tiene la opción de responder la pregunta “¿qué estás
haciendo en este instante?”  Las respuestas de todos los
miembros de mi red están visibles apenas me conecto. En este
momento uno está con el dedo en la boca, otra se va a ver a los
niños y de allí al happy hour, una tercera jardineando y un
cuarto mirando llover. A veces esta información puede ser útil
y difícil de obtener de otra forma, por ejemplo, cuando alguien
anuncia que está de paso en Londres o Barcelona y resulta que
uno también anda por esos lados. Todavía no he vencido el pudor
para informarle a mi red de amigos qué estoy haciendo. A lo
mejor debute anunciando que llegué a Túnez, cuando viaje allá
en junio, o tal vez lo haga ahora, respondiendo que estoy
redactando una columna sobre Facebook.

Volviendo a los seis grados de separación, me acabo de enterar
que existe una aplicación basada en Facebook que permite
determinar los grados de separación entre dos individuos.
Pertenecen a ella casi 5 millones de personas y el grado de
separación promedio entre todos los usuarios es levemente
inferior a 6.  Me gustaría saber si existen “personas puente”,
que conectan universos distintos y reducen los grados de
separación en este mundo. Sería bueno que en Chile hubiera más
personas puente. Estar conectado a través de ellas asegura una
conexión correcta.

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