¡No hay salud!

Francisca Vega
America Economia

Todo pintaba bien en la vida del brasileño Leonel Costa. Con sólo 38 años y después de casi una década de trabajo, fue nombrado presidente de Lexmark en Brasil –subsidiaria de la multinacional de impresoras– lo que traía consigo comandar a unos 170 empleados directos, otros tantos indirectos y tener línea abierta con los peces gordos de la compañía en Lexington, Estados Unidos. Prestigio y reconocimiento a corta edad, ¿qué más podía pedir?. “Salud”, dice Costa sin dudarlo. “Ésa fue la cuenta que pagué”. Y fue costosa. Lo que comenzó como un dolorcito lumbar cuando asumió la presidencia, pasó a un “dolorzazo” que luego se expandió por todo el cuerpo y lo dejó 30 días sin caminar. Jornadas maratónicas y la tensión de cumplir metas fueron el cóctel explosivo que dejaron a Costa, literalmente, postrado.

De eso han pasado cinco años y el hombre recuerda cada detalle de lo que él llama “el evento”. Con un insoportable malestar en la espalda, partió al doctor y su chequeo derrumbó su ánimo: malos índices de colesterol y glucosa. “El médico me explicó que estaba a pasos de un infarto”, dice. “Pero me levanté y me propuse dar vuelta el esquema”. Inició un completo plan de ejercicios con un entrenador personal, cambió su alimentación y logró que en meses todos sus índices volvieran a la normalidad. Pero no se conformó sólo con ser “normal”. Hoy, lleva sus zapatillas a todas las ciudades donde parte a hacer negocios y corre, corre y corre. Se despierta a las 04:15 de la madrugada y trota entre 8 y 12 kilómetros diarios, entrenamiento que lo llevó a la meta en las maratones de Nueva York, Chicago y París. “Aquellos que dicen que su vida es sólo trabajo no son valor para su empresa y lo aprendí de un golpe”, dice. “Las empresas con personas enfermas tienen costos de vidas y económicos”.

El brasileño no es el único al que se le derrumbó la salud en lo alto. Según un estudio del Centro de Medicina Preventiva del Hospital Albert Einstein, en São Paulo, el riesgo de morir aumenta cuando la carrera está en alza. “La mayoría de los ejecutivos cultiva hábitos que pueden llevar a enfermedades graves”, dice el doctor José Antonio Maluf de Carvalho, coordinador de la investigación que realizó 400 chequeos médicos a presidentes, vicepresidentes, directivos y gerentes de compañías extranjeras y brasileñas en 2005. La conclusiones son catastróficas para quienes están en la cima: el 70% tiene sobrepeso, el 62% es sedentario y el 27% presenta índices elevados de triglicéridos, capaces de producir diabetes y enfermedades hepáticas graves. “Sume que el 18% de los presidentes bebe más de lo recomendable y el 17% sufre de hipertensión”, dice Maluf.

Donde saben de eso es en el Grupo Santander en Chile, donde aún se comenta la muerte de un ejecutivo de alto rango sobre su escritorio hace 10 años. Desde entonces, un comunicado llega periódicamente a los correos electrónicos de los ejecutivos del grupo en el que se lee “Tome hora para su chequeo médico”. Además de los típicos exámenes de orina y sangre, en la filial chilena se hacen tests de esfuerzo, oculares, próstata y ecografía abdominal. La visita al médico es cada dos años para los mayores de 40 y ha demostrado resultados.

Muchos empleados de alta gama trabajan 12 o más horas por día, llevan trabajo a casa, cortan sus vacaciones, aducen que no tienen tiempo para hacer deportes, toman café en exceso, están 24 horas conectados o faltan a casi todas las festividades familiares a cambio de ascender en la organización. Y están aquellos que hacen todo lo anterior y jamás suben de nivel jerárquico o, peor aún, están primeros en la lista de posibles desvinculaciones, en un estado de intenso estrés conocido como el de “los muertos vivos”.

Por algo, el estrés es caratulado como una epidemia global que se contagia a través de la competencia. “La excesiva presión que se ejerce sobre los ejecutivos –con constantes exigencias de tiempo y trabajo– hace que el cumplimiento de metas sea casi imposible”, dice Alejandro Melamed, doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, experto en recursos humanos. Lograr un equilibrio entre la vida personal y profesional es urgente. “No es que la presión enferme en sí, pero el estrés es la antesala de muchas enfermedades”, dice el doctor César Mella, presidente de la Asociación de Psiquiatras de América Latina (APAL), en República Dominicana.

Según sondeos en Estados Unidos, se pierden cerca de 50 millones de horas de trabajo por año por enfermedades profesionales en ese país y el costo por empleador por el estrés es de US$ 10.000 anuales por trabajador. “El ejecutivo está sometido a muchas presiones, que pueden llevar al consumo de alcohol, tabaco o trastornos alimenticios”, dice Mella. Además, puede anular a algo tan básico como caminar media hora diaria, el mínimo deporte para no ser considerado 100% sedentario. “Una vida tensa es sinónimo de alergias, trastornos digestivos, insomnio e hipertensión arterial, entre otras manifestaciones”, dice Mella.

El sacrificio
Uno de los sectores que sufren gravemente las consecuencias fisiológicas del estrés es el sector financiero. Por ejemplo, un corredor de la Bolsa de Valores en Santiago cuenta que a primera hora de la mañana recibe la noticia: “Te asignan una meta de que debes levantar hoy mismo inversiones por US$ 38 millones”, dice. “Pasan las horas del día, no hay resultados y sudas sin parar”. Por eso, en la mayoría de las instituciones financieras de Chile los ejecutivos deben –sí o sí– ir al psicólogo casi como una obligación contractual. La idea: ver hasta dónde son capaces de soportar la presión.

Un estudio de la Mutual de Seguridad en Chile –que sondeó a 5.000 empleados de la industria bancaria– concluyó que los ejecutivos bancarios sobrepasan la media nacional en los ítems de tabaquismo, colesterol alarmante, sobrepeso e hipertensión arterial. Por ejemplo, el índice de glicemia alterada duplica el promedio de la población chilena, el 52,7% sufre de presión arterial elevada, el 68% fuma, el 81% es sedentario y casi el 60% tiene altos índices de colesterol. ¿Cuál es la solución? “Crear un ambiente de empresas sanas”, dice la psicóloga laboral Sandra Rodríguez, de la Mutual de Seguridad, en Santiago. “Escritorios donde las computadoras no estén a contraluz, caminar 10 minutos cada hora, escritorios cómodos o tener espacios que permitan descansar”.

De lo contrario, las principales dolencias de los ejecutivos serán musculares. Según los traumatólogos, dolencias en las articulaciones, cuello y brazos son evitables y muchas no tienen causa conocida. De hecho, son tratadas por equipos multidisciplinarios, ya que su principal origen es la tensión.

Señores, relájense
Pero aunque cada vez son más las empresas que se preocupan del estrés de sus ejecutivos, el mundo parece ir en reversa. Una encuesta internacional realizada a 7.000 dueños de empresas en 30 países por la firma de auditorías estadounidense Grant Thornton International, señala: el 57% de los empresarios en el mundo sintieron un estrés mayor que en 2005, siendo los constantes viajes de negocios uno de los factores que más ayudan a potenciarlo. México y Argentina, los dos países de América Latina considerados en el sondeo, están en el lugar 13 y 19 de los más estresados.

El problema es que para la proactiva masa de profesionales de alto nivel, es peor estar en casa sin hacer nada, por lo que son capaces de mantener sus actuales ritmos de vida ante la posibilidad de perder su empleo. A menos que haya un cambio de mentalidad radical impulsado por las empresas, el preocupante cuadro médico sólo empeorará.

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